miércoles, 2 de agosto de 2017

AÑO UNO: POLÍTICA Y SENTIDO DE CRISIS









Gonzalo Gamio Gehri

Se ha cumplido un año desde que Pedro Pablo Kuczynski asumió la Presidencia de la República. Este ha sido, sin duda, un año difícil. El fenómeno del Niño costero ha golpeado severamente el Norte del país. El escándalo de Odebrecht ha puesto de manifiesto situaciones graves de corrupción que comprometen no sólo a buena parte de la autodenominada “clase política”, sino que involucra a algunas empresas peruanas notablemente influyentes, un hecho que algunos medios de comunicación tienden a soslayar. Tres expresidentes están siendo investigados en torno a su presunta responsabilidad en este caso, un juez ha ordenado prisión preventiva contra Ollanta Humala. Con él son dos ex mandatarios que están en la cárcel. Este año parece llevar el signo de la crisis.   

Kuczynski formó un gabinete interesante, compuesto por especialistas, pero ha descuidado el aspecto político de su gestión. Rodearse de técnicos ha sido una decisión que ha traído consigo dificultades en materia de acción política. El gobierno requiere de personalidades que cuenten con peso político y habilidades en materia de negociación y manejo de situaciones difíciles. El problema es que el Presidente no cuenta siquiera con una bancada sólida que esté en capacidad de defender con firmeza y lucidez las reformas propuestas por su gobierno. Tampoco lidera un partido político organizado y con presencia nacional. Algunos de sus voceros son políticos que tienen su propia agenda, y no siempre han sabido sumar esfuerzos para sacar adelante el programa de su partido.

Uno de los problemas más graves ha sido sin duda el conflicto entre el poder ejecutivo y el Congreso de la República. El fujimorismo – principal fuerza política en el parlamento  -  se ha propuesto poner en jaque al gobierno sometiendo a interpelación a varios ministros, forzando la renuncia de algunos de ellos. El gobierno ha usado la carta del indulto a Alberto Fujimori como potencial factor de negociación, una carta altamente discutible. En circunstancias en las que un expresidente padece prisión preventiva por presuntos delitos de corrupción, curiosamente un sector de nuestros políticos considera pertinente indultar a otro expresidente, condenado por corrupción y por violaciones a los derechos humanos. El mensaje del gobierno transmite ante la opinión pública resulta  éticamente cuestionable, en la medida en que las pretensiones de impunidad de Fujimori se han convertido en materia de cálculo político.

Esta situación ha generado una división significativa entre los fujimoristas. Los seguidores de Keiko Fujimori se muestran reacios a promover la asignación del indulto como un posible tema de acuerdo político; por su parte, los congresistas cercanos a Kenji Fujimori plantean el asunto como una condición esencial de un supuesto programa de “reconciliación nacional”, un programa controvertido que pretende olvido e impunidad como factores de cohesión comunitaria: se trata, evidentemente, de una idea espuria de reconciliación, que no se justifica en el derecho a la verdad y en el trabajo de la justicia, como exige la cultura de los derechos humanos. El tiempo pondrá de manifiesto si esta división en Fuerza Popular se convierte en fragmentación política.

En los espacios de opinión pública impera una suerte de sentido de crisis, la idea de que el país enfrenta graves problemas – principalmente asociados con la inseguridad ciudadana y con la corrupción – que el gobierno no puede enfrentar con eficacia a causa de su incapacidad para hacer política en su sentido más pleno. Los conflictos se resuelven convocando tanto a los actores como a los afectados, intentando proponer medidas de consenso que permitan deponer posiciones extremas sin sacrificar principios fundamentales, en un marco general de transparencia y apertura a las razones del otro. Los actores principales del gobierno muestran serias dificultades para la deliberación y la negociación, actividades políticas esenciales para enfrentar problemas básicos que afectan la convivencia social y la estabilidad política del país. La opción por la tecnocracia en desmedro de la política parece pasarle una temprana factura a la administración PPK. Nos preguntamos si el presidente tendrá el juicio y los reflejos necesarios para tomar acciones que reviertan esta complicada situación en breve plazo, y si cuenta con los cuadros para llevar a cabo estas acciones.




(Aparecido primero en Ideele N° 271).



lunes, 24 de julio de 2017

LIBERTAD. ESCRIBIR EL DESTINO


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Gonzalo Gamio Gehri

Un hombre tiene que luchar por realizar sus propias aspiraciones y vivir su vida, en contra de una misteriosa organización que pugna por ajustar su vida y la de toda la humanidad a un plan impuesto desde fuera. Este es un tema recurrente en las literaturas distópicas y la ciencia – ficción. Es también la trama de Agentes del destino (Adjusment Boureau), una película norteamericana de 2011 con ciertas pretensiones filosóficas sobre esta materia. David Norris es un joven político que abriga el proyecto de llegar al Congreso. Conoce a Elisse el mismo día en que su candidatura fracasa. A Norris le impresionan los ojos grandes y hermosos, las cejas pronunciadas de Elise Sellas, pero más la conversación franca e inteligente que mantuvieron por unos minutos. Todo eso marcó su  mente y su corazón. Esa experiencia lo llevó a dar el discurso más conmovedor y sincero de toda su trayectoria, que lo pone de nuevo en carrera para la siguiente elección.

Pero Norris tiene la idea fija de encontrar a Elise. Algo los ha unido. Aunque la fortuna los reúne alguna vez, el Buró de Ajustes – aquella misteriosa organización citada al principio – actúa para frustrar cualquier encuentre entre los dos, porque no es conforme al Plan urdido por El Superior. El político y la bailarina, empero, se buscan una y otra vez, incluso cuando parecen perder toda esperanza. La película es interesante porque evoca una especie de burocracia dedicada a garantizar el cumplimiento del Destino, comparando al Buró con los ángeles y al Supervisor con el propio Dios. La idea es que los seres humanos no están preparados para el libre albedrío, a menos que luchen por ello. Lo correcto es atenerse al Plan. El amor – como tantas veces ha aparecido en la novela y el teatro – aparece para oponerse al Plan. Una trama antigua discutida de manera interesante, valiéndose además, de los recursos técnicos de los filmes estadounidenses. Las actuaciones de Emily Blunt y Matt Damon son buenas, el final resulta interesante.  

La película plantea una manera aguda de reivindicar la libertad individual, en el contexto de una clase de distopia determinista. Interesante asimismo el rol que tienen tanto la danza como la política en este conflicto.

miércoles, 31 de mayo de 2017

NI OLVIDO NI IMPUNIDAD
















REFLEXIONES ÉTICAS SOBRE UNA MARCHA




Gonzalo Gamio Gehri[ 1]





1.- Un hecho polémico.

Hace unas semanas una noticia llamó severamente la atención de la opinión pública. El MOVADEF – agrupación que opera como brazo político de la organización terrorista Sendero Luminoso – realizó una marcha con ocasión del día del Trabajo en Lima. La movilización incluyó la exhibición de una pancartas con el retrato de los miembros de la cúpula de Sendero Luminoso, cuya excarcelación reclamaban recurriendo a una idea espuria de ‘reconciliación’. Al ser interrogados sobre el propósito de esta manifestación, uno de los dirigentes de este movimiento señaló extrañamente que ésta buscaba únicamente  reivindicar “los intereses históricos de la clase obrera”.

El evento desencadenó la indignación de un sector importante de nuestra “clase política”, que consideró que el gobierno no había tomado las medidas adecuadas para prevenir esta manifestación, o quizá interrumpirla una vez iniciada. El fujimorismo insiste hoy en interpelar al ministro del interior a causa de esta situación. Muchos políticos, periodistas y abogados indican que los integrantes del MOVADEF que participaron en esta marcha incurrieron en el delito de apología del terrorismo; otros aseveran que tales acciones no corresponden específicamente a lo que establece la ley, y se han propuesto modificarla. Los medios de comunicación han cubierto la noticia poniendo énfasis en el lamentable espectáculo de los manifestantes enarbolando pancartas con las fotos de los líderes senderistas, y a su lado, presentar a policías vigilando que el evento se desarrolle con orden y normalidad. Se ha explotado el escándalo, y se ha soslayado la tarea de confrontar políticamente a este cuestionable movimiento.

Existen importantes cuestiones de principio que es preciso considerar con cuidado, pues atañen a la ética que subyace a una cultura política específicamente republicana. La estrategia legal punitiva contra MOVADEF no puede ser el núcleo de la lucha contra esta clase de integrismo ideológico y su condenable difusión en nuestra sociedad. Es cierto que debemos estar alertas frente a cualquier forma de apología del delito, y que el Estado debe contar con una estrategia de inteligencia policial que sea eficiente en la medida en que pueda realizar un seguimiento adecuado de las acciones de estos grupos que evidentemente tienen conexiones con las organizaciones terroristas. También es pertinente hacer ajustes a la ley, para prevenir y combatir cualquier forma de incitación a la violencia. Pero creo que estamos dejando de lado dos asuntos importantes en este debate sobre qué hacer con colectivos como MOVADEF. Es preciso no perder de vista que la lucha contra estos movimientos se enmarca en la lucha por fortalecer y preservar el sistema democrático en el Perú.

2.- Dos desafíos morales y políticos. La lucha intelectual contra el integrismo ideológico y el proceso de rememoración de la violencia vivida.

Se trata de una lucha política que posee un trasfondo ético muy claro. Defender la democracia supone reivindicar una forma de vida en común basada en el cultivo de un conjunto de derechos universales y libertades sustanciales que no son susceptibles de negociación. El derecho a llevar una vida tranquila y segura – sin violencia -, el derecho a expresar libremente el propio pensamiento en el marco de una sociedad abierta a una pluralidad de ideas y valores, y tantos otros derechos fundamentales. Es evidente que los grupos terroristas y sus organismos de fachada no comparten aquel trasfondo de sentido. Lo hemos vivido, ellos practicaron una ideología totalitaria que estigmatizaba toda forma de desacuerdo. Ellos cometieron terribles crímenes contra los derechos humanos en el contexto del conflicto armado más cruento de nuestra historia republicana; el Informe Final de  la Comisión de la Verdad y Reconciliación, así como otras investigaciones, han documentado estos hechos con rigor y detalle.

He señalado que enfrentar eficazmente a MOVADEF implica considerar dos asuntos de una particular significación para la defensa de la democracia. El primero es combatir intelectual y políticamente a MOVADEF, tanto en los espacios públicos como en las universidades. Esta clase de movimientos han encontrado una inquietante recepción en un sector de la juventud peruana que no cuenta con información rigurosa acerca de lo sucedido durante el conflicto armado interno. Esta grave situación es consecuencia de la indiferencia del Estado y de los actores políticos frente a las tareas de recuperación pública de la memoria; también es un efecto de la desidia de los partidos políticos ante la posibilidad de presentar batalla ideológica a grupos como el MOVADEF. Es cierto que en más de un sentido esta responsabilidad alcanza a toda la ciudadanía – que no puede mantenerse al margen de esta grave circunstancia -, pero compromete directamente a las organizaciones de nuestro sistema político.

MOVADEF plantea el imperio de una ideología fundamentalista y totalitaria, que rinde culto a la personalidad de un líder y que desarrolla una estrategia de acción que distingue entre fases de “trabajo político” y de “guerra popular” a partir de una presunta “lectura de la historia”, una concepción determinista y dogmática de las sociedades que no cuenta con un sustento conceptual ni empírico consistente. Ninguna de tales presuposiciones es compatible con el espíritu de la democracia. El cuidado del pensamiento crítico y el respeto por la diversidad son bienes fundamentales para un régimen libre. Este tipo de argumentos deben interrogar y desenmascarar el ideario autoritario de este y otros grupos extremistas. El debate público sobre estos problemas – y sus consecuencias para nuestras instituciones – resulta crucial para nosotros.

Este debate requiere de la presencia de los partidos políticos, aunque no sólo ellos. Los partidos han abandonado hace tiempo las tareas de formación intelectual de sus militantes, y han perdido presencia en los movimientos estudiantiles. Se han convertido en cascarones o vientres de alquiler para los proyectos electorales de individuos o grupos particulares de interés. Difícilmente en esa condición podrán convertirse en alternativas a programas sectarios como los de MOVADEF y otros. Los intelectuales y los estudiantes tienen asimismo una responsabilidad especial en esta lucha de ideas; ellos han de vindicar el lugar central del argumento y la evidencia en el debate público y académico. Han de procurar preservar la institución universitaria como un reducto de investigación y pensamiento, un escenario que rechaza el mero recurso a dogmas y slogas sin contenido racional. Otras instituciones de la sociedad civil, como los sindicatos, los colegios profesionales y las ONG, pueden convertirse en espacios de deliberación sobre lo que es justo y convergente con un ethos democrático.

Alguien podrá alegar que esta discusión se tornará estéril, porque el espíritu del MOVADEF y organizaciones similares, sedientas de ortodoxia, no podrán ser persuadidos por el mejor argumento. Es cierto que quien no es sensible al trabajo del diálogo no será capaz de escuchar y modificar sus convicciones, pero esta clase de debate público es para beneficio de toda la sociedad, que debe ser testigo de la debilidad del modelo de justicia y de comunidad política que exhiben grupos integristas como MOVADEF. La sociedad peruana debe reconocer las razones que hacen que Sendero Luminoso y sus defensores representen opciones de muerte y supresión de las libertades para los ciudadanos. Este debate cumple un rol tanto pedagógico como ético-político.

El segundo asunto relevante tiene que ver con la significación del proceso de  esclarecimiento de la memoria como un elemento básico de la construcción de la justicia en una genuina democracia. El MOVADEF propone una amnistía general para las personas involucradas en los crímenes cometidos contra los derechos humanos durante el conflicto armado interno. Pretenden con ello favorecer a los senderistas presos por terrorismo. Amnistía es amnesia e impunidad, es borrón y cuenta nueva. Se trata de una medida que toda la legislación global en materia de derechos humanos rechaza con razón. Sobre la base de políticas de olvido y suspensión de la justicia no puede edificarse una sociedad libre e inclusiva. Una verdadera reconciliación exige honrar el derecho a la verdad y a la justicia que demandan las víctimas de la violencia. Esta es una crítica que alcanza no sólo al radicalismo de izquierda, sino también a la extrema derecha, hoy tan proclive a considerar un inaceptable indulto a Fujimori como objeto de negociación política; tal parece que la práctica antidemocrática del culto a la personalidad del líder va más allá del signo ideológico de los adeptos.

Si creemos en la justicia, en su capacidad de regular nuestra vida en común, debemos cerrar filas ante este tipo de proyectos. Ni olvido ni impunidad en materia de derechos humanos. Estamos hablando de la vida y de la dignidad de los peruanos más vulnerables, quienes fueron víctimas de crímenes terribles.  Para evitar que situaciones así se repitan debemos hacer memoria, y tenemos que librar una batalla ética y política para desenmascarar la doctrina y las prácticas de quienes desataron la tragedia más cruenta que enlutó nuestro país.  


(Aparecido en Ideele Nº 270)



[1] Doctor en filosofía por la Universidad de Comillas. Profesor de la UARM y de la PUCP. 

sábado, 6 de mayo de 2017

LA MUERTE DE SIGFRIDO







Gonzalo Gamio Gehri


Es preciso continuar la narración de la historia de Sigfrido allí donde la había dejado hace un tiempo. Pasaron años desde que un invisible Sigfrido había ayudado al rey Gunther a lograr la mano de la valkiria Brunilda. Esta gesta había generado a su vez que Sigfrido conociese a la bella Crimilda – hermana de Gunther -, a la que dedicó un amor tan invulnerable y poderoso como la piel revestida con la sangre mágica del dragón. Luego de un tiempo apacible en su patria, Sigfrido y Crimilda volvieron a Worms. Un destino sombrío fue abriéndose paso en su vida.

Brunilda se había convertido en una reina intransigente y furibunda, y no tardó en tener desavenencias con la propia Crimilda. En una de estas terribles discusiones, Crimilda le revela que fue Sigfrido – y no Gunther – quien realmente venció a Brunilda en las pruebas de Islandia. El frío corazón de la valkiria se tiñó de sangre y pidió a los suyos la cabeza de Sigfrido. Con la anuencia de Gunther, fue su tío Hagen de Tronje quien se ofreció a asesinar a Sigfrido. Organizaron una cacería en el bosque para cometer este crimen. El obvio problema era que el héroe, al vencer al dragón, se había bañado en su sangre y se había vuelto invulnerable. Sin embargo, recordaban que Sigfrido había dejado un punto sin que la sangre de Fafnir lo tocase. Con engaños, Hagen consiguió que su sobrina Crimilda le revelase el lugar de aquel punto, y que incluso bordase en la casaca de Sigfrido una pequeña cruz en ese lugar.

Aquella mañana Crimilda se despidió de Sigfrido con un mal sentimiento, con mucho temor. Encomendó a Sigfrido a los cuidados de su hermano y de su tío. La última sonrisa de la pequeña  Crimilda jamás se borró de la mente de Sigfrido en aquel día fatídico. El resto del día el héroe y los burgundios se dedicaron a cazar jabalíes. Al atardecer, Hagen se propuso cumplir con la orden de los reyes. Una vez que Sigfrido bajó del caballo para divisar a su presa, Hagen supo que era el momento. A esa corta distancia, la cruz que se elevaba en la espalda del héroe, entre los omóplatos, era un blanco fácil. Allí arrojó su lanza.

Sigfrido sintió que la vida se le escapaba por la herida causada por el golpe traicionero de Hagen. Se dio cuenta que esta era su hora final. Muchos pensamientos cruzaron su mente. Pensó en su batalla con Fafnir, en la tibia sangre del dragón, y en toda la gloria de ese día. Pensó en los brillantes ojos negros de Crimilda y en el profundo amor que le profesaba; hubiera querido conocer todas las etapas de su vida. Pensó en todas las hazañas que le quedaban por realizar. En su reino y su legado. Hizo el intento de volver a empuñar la reluciente espada, presentar batalla. Quiso ponerse en pie, pero era tarde ya. 

El manto de la más espesa noche cubrió Worms, y el canto de los negros cuervos lamentó por doquier la muerte de Sigfrido. Los habitantes de la región dicen que todavía pueden escucharse esos terribles graznidos en aquel lugar.





martes, 2 de mayo de 2017

DIEZ AÑOS...





Gonzalo Gamio Gehri

El  mes pasado este espacio ha cumplido diez años de vida. Este blog ha significado muchas cosas para mí en todo este tiempo; ha sido un espacio de reflexión, de preparación de textos académicos, y también un espacio de catarsis, Temas de ética, filosofía política, religión, cine, actualidad política y literatura han sido objeto de examen. Agradezco a los lectores y comentaristas – de todas las vertientes intelectuales e ideológicas – que me han acompañado en estos años.

Curiosamente, los posts de literatura han sido los más consultados. La leyenda suiza que narra la historia de amor entre el caballero y la princesa Alba, una historia que he intentado reproducir siguiendo una tradición de Berna sobre los orígenes de la flor Edelweiss como emblemática de la Confederación Helvética. La reflexión sobre el conflicto trágico de Antígona ante la ceguera de Creonte. Los estudios breves sobre las especies de la justicia en Aristóteles y los principios en Rawls han sido leídos con regularidad también.


Pero este ha sido un escenario para la expresión de ideas tanto como de motivaciones, afectos y vivencias. Ha sido un locus de expresión personal, no únicamente un taller de edificación de ensayos filosóficos o textos de análisis político y crítica cultural. Una vez por semana he plasmado aquí algunas de las ideas que en ocasiones configuraron investigaciones ulteriores, o se convirtieron en intuiciones para desarrollar luego. Otras veces he escrito notas pequeñas sobre actualidad política, poesía o cine. He procurado hacer de esta página un lugar de intercambio de ideas y argumentos. Espero que haya sido así.

miércoles, 26 de abril de 2017

EN TORNO A LA PROPUESTA DE INDULTO: ¿NEGOCIANDO IMPUNIDAD?








Gonzalo Gamio Gehri

¿Qué está pasando en el Perú que diversos funcionarios del gobierno están sacando a la luz el tema del indulto a Alberto Fujimori?  Todo comenzó con la alusión del propio Presidente a la necesidad de “voltear la página” en clara alusión al fujimorismo. Parece haberse diluido la memoria de los crímenes que cometieron Fujimori y Montesinos. Se escucha por doquier la palabra “reconciliación” usada sin trasfondo alguno y como sinónimo de impunidad.

Hay quienes plantean que una medida como ésta favorecería el incuestionable conflicto al interior del fujimorismo. Los ‘keikistas’ no encuentran ningún aspecto positivo en esta decisión, pues verían debilitado el liderazgo de la ex candidata; los “albertistas” estarían accediendo a su objetivo máximo, liberar al ex presidente. Los más ingenuos consideran que ambas fuerzas podrían contrarrestarse mutuamente. No lo creo. No es difícil imaginar al fujimorismo reagrupándose tras el ocaso de algunos liderazgos de coyuntura, como los de quienes conforman la dirección de Fuerza Popular.

Considero que debemos trascender esos cálculos y no descuidar algunas cuestiones de principio. La prisión de Fujimori tiene un contenido simbólico trascendental. Significa que aunque alguien sea poderoso tendrá que responder ante la justicia si viola derechos fundamentales. Esta condena ha quebrado un cerco de impunidad que protegía a la “clase política” durante muchos años. Un indulto sería una grave señal para la justicia, una derrota para el régimen democrático. Fuera de un indulto humanitario por estado grave de salud del reo – justificado con evidencias ante una comisión de especialistas -, no cabe una medida como esa.

“Voltear la página” no es una buena idea si queremos honrar la memoria en torno a la injusticia en el Perú.  Se trata de erosionar el trabajo de la justicia y la conciencia cívica en materia de derechos humanos. Una democracia no se edifica sobre la base de la imposición de la impunidad y la condescendencia a cambio de favores políticos. Que se use la noción de “reconciliación” para legitimar esa clase de arreglos resulta inaceptable. El gobierno debería pensar en el funesto precedente que podría establecer en materia de lo que se puede someter a negociación política.



martes, 18 de abril de 2017

UNAS DECLARACIONES INACEPTABLES








Gonzalo Gamio Gehri

Las declaraciones de Justiniano Apaza sobre los comandos Chapín de Huantar y sobre el MRTA son lamentables e injustas. Ha señalado que los comandos no son héroes y ha deslizado la idea de que los subversivos condenados por terrorismo son “presos políticos”.  Tales expresiones provocan vergüenza.  El Congreso propone declarar a los comandos Chapín de Huantar “héroes de la democracia” y esta ha sido la infeliz respuesta del legislador del Frente Amplio.

Una cosa es sostener que debería proseguirse con las investigaciones acerca de si existieron ejecuciones extrajudiciales durante el operativo y tomar en cuenta las indagaciones de los tribunales internacionales de derechos humanos, para llegar a conclusiones acerca de si se cometieron crímenes y operaron grupos de aniquilamiento con conocimiento de las autoridades. Otra cosa es desconocer la labor de quienes cumplieron su deber en el desarrollo de una estrategia exitosa que salvó la vida de personas que habían sido tomadas como rehenes. El argumento del congresista no consistió en objetar el nombre de la distinción – “héroes de la democracia” -, pues no eran tiempos en los que existía democracia en el Perú (“héroes de la pacificación”, sería más riguroso); se descalifica la acción meritoria de los comandos.

Quien recuerde lo sucedido en el país durante el conflicto armado interno, conocen los documentos de la época y han leído el Informe Final sabe que el MRTA fue un grupo que practicó actos de terrorismo en los que se ejercía suma crueldad. Los casos de secuestro son escalofriantes. Las declaraciones de Apaza deben ser rechazadas por la ciudadanía, dada la ignorancia y el prejuicio que las anima. La actitud irresponsable - además de injusta - del parlamentario sólo alimenta los prejuicios y el espíritu macartista del conservadurismo mediático y político; nutre la imagen caricaturizada de una izquierda cívicamente miope e indulgente con el terror.  Una izquierda que no deseamos para nuestra sociedad.

Este tipo de expresiones perjudican severamente a la izquierda peruana, pues revelan tozudez, ceguera ideológica, mezquindad y desconocimiento. Es penoso que un parlamentario del Frente Amplio carezca de la lucidez y del juicio informado que requiere un político responsable. Ese tipo de convicciones no son compatibles con las ideas de una perspectiva progresista (tanto liberal como socialista y socialdemócrata) que el Perú requiere para fortalecer la democracia en nuestro país.